viernes, 1 de mayo de 2015

La noche que Carlos Monzón se convirtió en asesino


El 14 de febrero de 1988, el país amanecía conmocionado: Carlos Monzón había acabado con la vida de su esposa, Alicia Muñiz, en uno más de tantos casos de violencia de género.

Habían discutido a los gritos. Aquella madrugada, a las 6:05 de la mañana, Múñiz era arrojada desde el balcón de la casa que el matrimonio que tenía en La Florida, un elegante barrio de la ciudad Mar del Plata.

El otrora ídolo cuyo nombre coreaban las multitudes, devenido en actor y playboy que se codeaba con mujeres del calibre de la actriz Ursula Andress, con quien también tuvo un romance ,y Alain Delon, amigo de juergas, noches de alcohol y orgías, acababa de matar a su esposa, justo el Día de los Enamorados.

Monzón y Muñiz tuvieron un romance que entre idas y vueltas duró alrededor de una década. El salía de una relación mediática con Susana Giménez. Ella venía de Uruguay con las ilusiones de triunfar como modelo. Se casaron y convivieron alrededor de seis años. El carácter hostil y violento del campeón mundial de boxeo, producto de su historia personal y del exceso de alcohol, hacía que brotaran sus miserias. Muñiz lo denunció en reiteradas oportunidades hasta que finalmente se separaron. Los celos lo cegaban y las discusiones eran recurrentes. La últimas peleas derivaban de pujas por la mensualidad que el campeón no pagaba como correspondía para la manutención de su hijo de 6 años, Maximiliano. A pesar de eso, cada vez que se encontraban terminaban de la misma manera: en la cama. “Alicia fue la mujer que más amé”, dijo en una oportunidad y, es probable que haya sido cierto.

Nada muy diferente ocurrió la noche del sábado 13 de febrero. Alicia había ido hasta Mar del Plata a retirar a su hijo Maximiliano que había estado de vacaciones con su padre. Monzón la invitó a cenar a unos amigos y ella aceptó. Entre las amistades se encontraba Adrián “Facha” Martel, muy conocido en esa época por ser partenaire del cómico Alberto Olmedo, quien moriría también trágicamente, el 5 de marzo, en la misma ciudad, ese mismo año.

Fueron al casino, donde Martel apostaba fuerte y luego fueron al Club Peñarol a tomar unas copas. Ya avanzada la madrugada abordaron un taxi que los trasladó al chalet alquilado en el barrio parque La Florida. Bajaron como pudieron e ingresaron a la casa. En uno de los dormitorios se encontraba durmiendo el hijo de la pareja. Ellos pasaron la noche juntos, pero en algún momento, después del sexo, surgió la discusión por cuestiones de dinero. Terminaron en el balcón y él la levantó tomándola del cuello y la arrojó al vacío. La autopsia determinó que la mujer estaba inconsciente al momento de estrellarse contra el piso. El hecho es que el cuerpo semidesnudo de la modelo, de 31 años, terminó en el jardín del chalet.

De acuerdo a la versión del boxeador, discutieron en el balcón y producto de la trifulca cayeron los dos. “Yo pedí que la auxiliaran pero me ayudaron a mí y la dejaron a ella en el piso cuando todavía estaba viva”, declaró el boxeador. Monzón tenía una fractura en el hombro, producto de la caída. Alicia, múltiples fracturas en el cráneo y señales de asfixia por estrangulamiento. El campeón siempre negó haberla arrojado por el balcón. Lo que no estaba en discusión es que era un golpeador y esta no era la primera vez que atacaba a su mujer.

Según se pudo reconstruir durante el juicio, el boxeador apretó el cuello de la mujer hasta dejarla inconsciente y la tiró al vacío; caída que le provocó múltiples fracturas en el cráneo. Monzón siempre lo negó. El 3 de julio de 1989, un tribunal lo condenó a once años de prisión por homicidio. En sus fundamentos, los jueces destacaron la ingesta de alcohol de Monzón que, si bien no le sirvió de excusa, fue usado como atenuante.

"Ella fue para mí algo increíble, ninguna otra mujer podrá marcar a fuego mi corazón como ella lo hizo durante los años que estuvimos juntos", llegó a decir Monzón sobre Alicia. 

"No mató fríamente; fue influido por las circunstancias", dictaminaron los jueces. "Pero actuó con plena conciencia de la criminalidad de sus actos". Al juzgar probada "la presión ejercida sobre el cuello y la proyección intencional del cuerpo de la víctima dirigida a la muerte de la misma", los jueces advierten que, "más que olvido, existe ocultación de circunstancias comprometedoras" en su declaración y acusan a Monzón de "pergeñar una historia increíble".

Patricia Perelló, abogada de Monzón siempre creyó en su inocencia: “Hubo una condena mediática”, sostiene. “La prensa lo juzgó por su historia de vida y no por el hecho puntual de la muerte de Muñiz... yo creo que fue una situación accidental, que los dos se cayeron por el balcón... Monzón no tuvo ninguna intención de lastimar a Alicia Muñiz; verdaderamente, fue una cuestión del momento. Monzón también se cayó y se fracturó la clavícula. El se pegó un golpe muy fuerte, creo que salvó su vida porque era una persona físicamente sólida. En cambio, ella murió porque era más frágil”.

La sociedad argentina se dividió en quienes sostenían su inocencia y aquellos que lo consideraban un asesino. El pueblo que tantas veces había disfrutado de los triunfos de su ídolo, ahora se agolpaba en las puertas del juzgado, algunos para apoyarlo y otros para verlo caer. Finalmente fue juzgado por homicidio simple y condenado a 11 años de prisión.

"Alicia se mató, Alicia se murió", aseguró Carlos Monzón la madrugada del 14 de febrero de 1988 después de matar a su mujer, Alicia Muñíz.

No era la primera vez que Monzón golpeaba a una mujer. En 1962, con apenas 20 años, el boxeador se casó con María Beatriz García, alías "La Pelusa", con quien atravesó una tormentosa relación que por poco no termina en tragedia: harta de los golpes, la mujer le disparó dos veces. Una de esa balas quedó alojada en la espalda de Monzón. 

En 1974, conocería a Susana Giménez durante el rodaje de la película La Mary, de Daniel Tinayre, a quien también terminaría golpeando.

Carlos Monzón murió el 8 de enero al volcar con su auto en la ruta N° 1, cerca de la localidad de Santa Rosa de Calchines, a unos 35 kilómetros de Santa Fe cuando regresaba a la cárcel de Las Flores, donde permanecía detenido, y donde por buen comportamiento gozaba del beneficio de las salidas transitorias para salir los fines de semana.


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