jueves, 11 de agosto de 2016

Carlos Delfino en #Rio2016




Carlos Delfino es fanático de Unión de Santa Fe. Sí, alienta al equipo de básquetbol del club de cerca. Incluso, en plena recuperación, se entrenaba allí. Pero, sobre todo, es un fiel seguidor del club de fútbol. Sufre, alienta y se emociona en cada presentación del Tatengue. Cabeza no lo niega. Cabeza se siente orgulloso. Cabeza es el más futbolero de la Generación Dorada.

 "Pero estamos creando una atmósfera, un clima que, salvo Brasil por ser local, nadie lo tiene. Y hay que aprovecharlo"
Carlos Delfino

Y, con esa manera de sentir el deporte, Delfino, de 33 años, se separó un poco de los comentarios de Luis Scola, Manu Ginóbili y Andrés Nocioni, quienes en las últimas horas habían cuestionado la actitud de los hinchas argentinos en los estadios de los Juegos Olímpicos Río 2016. "Hay que destacar que estamos jugando de local prácticamente", dijo ayer el escolta, minutos después del gran triunfo del seleccionado argentino frente a Croacia por 90-82, en la segunda jornada del grupo.

"Sé que mis compañeros han hablado de lo que están cantando y demás... Yo soy futbolero, a mí me gusta que griten y que hinchen. No que insulten, vamos a ser claros. Pero estamos creando una atmósfera, un clima que, salvo Brasil por ser local, nadie lo tiene. Y hay que aprovecharlo. Está bárbaro que sea así. A nosotros nos sirve y nos ayuda mucho ", analizó Delfino, de 33 años, el jugador más joven entre los veteranos de la Generación Dorada.

"Un torneo especial. Para Delfino, estos Juegos Olímpicos son más que especiales. No sólo por lo que significa estar en este tipo de competencias, sino además porque volvió a jugar después de de 1171 días y 7 operaciones en su pie"


(La Nación 10 de agosto de 2016)



Si un jugador se mantiene ausente durante 1171 días. Si padece siete operaciones en su pie. Si no tiene la posibilidad si quiera de pisar el parquet de una cancha de básquetbol, ¿cómo mantiene su ilusión? No es fácil ofrecer algunas respuestas; sin embargo, Carlos Delfino parece tener la fórmula. Seguramente, habrá ayudado su buen humor. Y su talento. Con sólo verlo moverse en la cancha, el Quesón, como se lo conoce, destila destreza y elegancia. Su regreso había sido contra los Estados Unidos, el 22 de julio pasado. Casi como un guiño del destino que sea allí, porque en esas tierras es donde jugó los últimos años. En su retorno actuó 17 minutos y 16 segundos, e hizo un triple, en lo que fue uno de los puntos más festejados del partido. Delfino estaba de regreso.

Algunos de los jugadores de la NBA a los que enfrentó lo felicitaron por esa vuelta. Y sus compañeros también tuvieron palabras del mismo tenor: "Parece que nunca dejó de jugar", fue la reflexión de Facundo Campazzo. Así vivió el Quesón aquel encuentro ante el Dream Team: "Estaba mi familia en la tribuna y no sabía dónde se habían ubicado, mandé a preguntar dónde se habían sentado y si estaban bien. No me animaba a mirar. Te pasan tantas cosas por la cabeza...", expresó Delfino, en un reciente documental de la CABB (Confederación Argentina de Básquetbol). Y añadió: "Te pasan muchas cosas por la cabeza, me pongo emotivo y la gente te grita cosas... Uno no quiere perder la concentración, porque lo que busca es no trabarse mentalmente. Es muy lindo lo que va pasando, pero son tantas las emociones que trato de tomar lo que me sirve y de esquivar algo que me puede desenfocar".

Lo cierto es que Delfino se sorprendió cuando el entrenador de la selección, Sergio Hernández, le propuso que formara parte de la preselección de los Juegos Olímpicos en lugar de viajar a los Estados Unidos para hacer pruebas individuales con franquicias de la NBA. Y la apuesta tuvo su premio. Su padre y homónimo, ex basquetbolista y técnico, fue quien lo entrenaba: "Hay algo que Carlos nunca perdió durante esta inactividad: la efectividad en sus lanzamientos. Ahora vienen los amigos y me dicen que no les mentía cuando les decía que el tiro estaba intacto. Antes de lesionarse tiraba para un 40 por ciento y ahora está por encima del 60", contó a Súper Deportivo Radio.

Todo eso, a esta altura parece ya un detalle, porque anoche Carlos concretó el sueño de estar disputando su cuarto Juego Olímpico. El escolta santafecino, uno de los sobrevivientes de los medallistas dorados de Atenas 2004, a los 33 años, volvió a sentir la altísima competencia. Anoche fue un partido en el que su mano para los tres puntos no estuvo tan fina, ya que apenas marcó 3 puntos, con 1 de 5 desde esa zona. Pero esas cuestiones quedaron apenas como un detalle porque después de tanta batalla por volver...

En una entrevista con Basquet Plus, Carlos admitió que probó de todo para poder jugar: brujas, médicos, reiki, "todas las máquinas que existen" y hasta una estampita de San Expedito que tiene en su celular. Y relató cómo fue la manera en la que dio con el médico que le cambió su vida. En Bologna, Italia, en septiembre del año pasado, y tras su sexta operación, el podólogo que lo atendió para cortarse las uñas de los pies le recomendó ver un médico: un tal Sandro Giannini. Algunos le habían comentado que estaba retirado. Giannini, de 78 años, lo operó en noviembre pasado y le dijo que había que quitar huesos. Después de tres semanas de yeso, se lo removió y le indicó que ya debía caminar. El Quesón no lo podía creer: ni siquiera había llevado su zapatilla derecha. Desde ese día, su recuperación fue cada vez mejor. "Ví huesos que eran como ceniza, estaban muertos. El tipo sacó todo, rellenó con otras cosas, hicimos células madre también. Y así fui empezando", relató Delfino.

Por su condición de agente libre, ahora Carlos tiene una oportunidad única. En los Juegos Olímpicos, la cita más importante del básquetbol mundial, le dijo al planeta naranja que está de vuelta.



























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