lunes, 1 de septiembre de 2014

El "1" del "Mono" Navarro Montoya


Si uno recuerda a Carlos Fernando Navarro Montoya como futbolista, no puede dejar de pensar en una tragedia su particular estilo, en su pelada con pelo largo, en los jeans Vanquish, en su incansable lucha para ser convocado a la selección argentina y, por supuesto, en su clásico buzo del camión. Sin embargo, hubo otro detalle, quizás menos llamativo, que acompañó al arquero durante toda su trayectoria: el número 1. Pero no cualquier uno. Conozcamos la historia.


Nacido en Colombia, pero formado futbolísticamente en Argentina, el Mono debutó en Vélez Sársfield en 1984 y desde sus comienzos se mostró como un jugador distinto. No sólo ocupar el arco y por aceptar a temprana edad el llamado de la selección cafetera, sino también por otras cuestiones que tenían que ver con la imagen, aspecto poco explotado por aquel entonces.


La indumentaria de Navarro Montoya siempre estuvo signada por un número 1 bastante extraño, gordo, de forma irregular y bien grande. Presente en la espalda, en el pecho y en el short. Único y personal. Cuando uno veía ese 1, sabía que pertenecía al Mono. Algo parecido a lo que sucedía con Fillol, con esa especie de I latina uno en números romanos. Ni más ni menos que una marca registrada.


En Independiente Santa Fe, en Vélez, en Boca. Podía cambiar de club o de buzo, pero el 1 siempre se mantenía. Incluso algunos intentaron cambiárselo, pero él se negó siempre. El empresario y diseñador Oscar Tubío, autor de algunas camisetas célebres del fútbol argentino, recuerda el motivo: “Él vino a hablar conmigo una vez. A mí el camioncito no me gustaba y el 1 no me dejaba tocarlo, porque lo había hecho la mamá. A mí me recordaba al pingüino de vino que le servían a mi papá en el bar”.


En 1996, la imagen personal del arquero comenzó a chocar con la institucional del Xeneize. Mientras el club continuaba su relación con Olan, el Mono se mostraba con un buzo de la firma danesa Hummel. Unas semanas más tarde, Olan pasó a ser Topper y entonces el colombiano comenzó a usar un buzo verde, sin marca aparente, pero con el 1 de siempre.


 Ya para octubre de ese año, Nike comenzó su relación con Boca, poniéndose firme con la indumentaria del guardavallas. Navarro Montoya, sabiendo de las exigencias comerciales que se venían, mandó a bordarle el logo de Nike a su buzo verde. Los de Nike se le cagaron de risa y fueron contundentes: nada de diseños caseros, ni números raros. Todo debía seguir el patrón de la marca de la pipa, sin contemplaciones. 


 El Mono finalmente tuvo que rendirse y aceptar el buzo blanco con el impersonal número 1 de fábrica, en el debut de la empresa yanqui, con empate 0 a 0 ante Racing, por la Supercopa.

También le tocaría usar el buzo negro, que mantenía el template de la camiseta: la franja amarilla y las polémicas líneas blancas criticadas por Maradona.

Cansado por estas cuestiones, pero sobre todo por su relación con el técnico Bilardo, el arquero se marchó a España, para vestir los colores del Extremadura. Y si bien el Mono se dio el lujo de volver a usar el buzo del camión, se le complicó a la hora de mostrar el 1, porque de entrada le dieron el 25.


 Recuperó el 1 en el Mérida, pero después le dieron el 24 en el Tenerife. Lo que no cambió fue la costumbre de irse al descenso, ya que bajó con todos.

Tras pasar por el fútbol chileno, regresó a la Argentina para jugar en Chacarita, Independiente, Gimnasia, Nueva Chicago y Olimpo, donde siguió alimentando su fama de jugador descendente. Incluso en el medio tuvo tiempo para actuar en el Atlético Paranaense de Brasil, para finalmente retirarse en Tacuarembó FC de Uruguay. Siempre con el 1 parecido a un pinguino de vino.


Hoy, con el Mono abocado a su tarea de Director adjunto (?) de las divisiones inferiores de Boca, se lo extraña en las canchas argentinas. Sobre todo ahora, que no hay descensos.

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