Carlos Delfino: "Me causa gracia que me llamen sex symbol"

El acto es inconsciente, casi un reflejo hecho costumbre. Antes de salir del ascensor, Carlos Delfino (29) baja la cabeza, como si quisiera achicar esos dos metros de altura que desde los 15 años lo convirtieron en el candidato perfecto para jugar al básquet. El santafesino que se luce como una de las figuras más fuertes de los Milwaukee Bucks, en la NBA, y brilla en la selección argentina de básquet -que acaba de clasificarse para los Juegos Olímpicos 2012-, no duda en afirmar que ”la culpa” de su destino en las canchas es de su padre, Carlos, también jugador profesional.
”Cabeza”, como lo llaman sus íntimos, tenía sólo 17 años cuando dejó su casa, en el barrio santafecino de República del Oeste, para cruzar el océano y desarrollar su carrera en Italia y en Rusia, para finalmente fichar en los Detroit Pistons. Hoy, disfruta de unas minivacaciones en nuestro país, donde pasa gran parte del tiempo con su hija Milagros (11) y aprovecha para viajar con su novia, Martina Cortese (27), una italiana que conoció cuando vivía en Bolonia. 
-¿Tienen planes de casamiento?
-¿A vos te mandó Martina? [Se ríe.] Por ahora, no. El tema es que viajamos mucho, vamos y venimos todo el tiempo. Creo que armamos una linda pareja, nos aguantamos mucho y Martina me bancó en momentos duros, como cuando nos tocó vivir en Rusia. 
-¿Cómo es ser padre a la distancia?
-Durísimo. Creo que los dos aprendimos a querernos de lejos, a veces pienso que Mili  creció viéndome más por tele que en casa. Yo fui padre a los 18 años; casi que crecimos juntos. Hoy, Mili está mucho más grande y entiende mejor la situación. Se convirtió en una personita con la cual uno ya puede mantener lindas charlas. Es dulce, espontánea y muy despierta, mucho más que yo cuando tenía su edad.
 -El año pasado sufriste una conmoción cerebral por un golpe dentro de la cancha, que te alejó tres meses del básquet. ¿Qué enseñanza te dejó esa experiencia?
-Aprendí a cuidarme. Los deportistas nos creemos superhéroes, manejamos un auto a mil por hora, nos acostamos tarde y a la mañana siguiente salimos a correr como si nada, porque total, somos fuertes y tenemos un buen físico. Es la creencia del ”yo puedo todo”. Y cuando te pasa algo que te deja knock-out, te das cuenta de que incluso el básquet -que es mi vida- no es para siempre. 
-¿Fantaseás con el retiro?
-Sí, claro. Eso lo tengo armadito. Voy a montar un gran complejo de cabañas a 10 kilómetros de Paraná. Ya tengo elegido el terreno donde voy a construir mi propia casa. Es un lugar ideal para desenchufarse. 

-Además de la pesca, tu otra gran pasión son los autos.
-Los autos me vuelven loco. Tengo cuatro: un Porsche, dos Land Rover, un Rambler Ambassador y… ¡dos motos! Aunque las motos puedo usarlas poco y nada porque me lo impide mi contrato con los Milwaukee Bucks. Es por el cuidado del físico. 
-Hace cinco años, Gianni Versace te ofreció desfilar para él. ¿Te considerás un sex symbol del básquet?
-¡No! Me causa mucha gracia cuando me tratan como un sex symbol, soy un simple jugador de básquet. Me divierte hacer producciones de fotos, pero sólo llego hasta ahí. Me imagino arriba de una pasarela y me muero de vergüenza. Mi pasión está en la cancha. 
Texto: Jacqueline Isola
Fotos: Ignacio Arnedo
Producción: Georgina Colzani


Agradecemos al Hotel Panamericano Buenos Aires 
Publicado en Hola Argentina el 30-septiembre-2011

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