miércoles, 1 de julio de 2015

Carlos Delfino, ejemplo de lucha y sacrificio



Nota original de Xavier Prieto Astigarraga en el diario "La Nación"

http://canchallena.lanacion.com.ar/m1/1801749-la-dura-y-larga-recuperacion-de-carlos-delfino-cada-vuelta-era-un-mazazo-hoy-estoy-nadando-cerca-de-la-orilla

Conmoción cerebral; una semana inactivo en la NBA. Otra concusión: dos meses parado, encerrado en una habitación oscura. Un desprendimiento de aductor. Luego, otro. Pero no era todo. Llegó la fractura del pie derecho. Primera operación, en Nueva York: se partió el hueso. Segunda, en Viena: no se soldó el metatarso. Tercera, en Buenos Aires: necrosis (muerte de tejido).

Así, de golpe en golpe, Carlos Delfino, uno de los integrantes de la gloriosa Generación Dorada del básquetbol, llegó a septiembre de 2014, con 17 meses sin jugar. Cansado de esperanzarse y deprimirse, dejó el primer mundo de la medicina y acudió a su Santa Fe, a su gente. Apeló a un médico de confianza, Raúl Theaux, que lo conocía desde chico y había intervenido a su abuela, a su papá, a su hermana. A él mismo en una rodilla en 2004, cuando ya era jugador de Detroit. "Raúl, lo único que te pido es jugar con mis mellizos, correr en una plaza y hacer una vida normal, no quedar rengo", le rogó el campeón olímpico de Atenas 2004. Y sí: el alero cojeaba y había tirado la toalla profesional. A los 32 años, ya no sería basquetbolista. Sólo un buen padre que podría caminar sin defectos... si salía bien la operación.

Salió bien. "En marzo empecé a correr, agarré una pelota, tiré al aro y me dieron muchas ganas de jugar de nuevo. El pie está respondiendo bien. Tengo dolores, pero son lógicos por haber estado parado 24 meses, dos años. Hay días en que me duele el cuerpo en general, porque estuve mucho tiempo en una cama, con un yeso, con muchas pastillas, con muletas. Y ahora estoy muy ansioso, haciendo lo que más me gusta, entrenándome con un ritmo de trabajo que en ninguno de los post operatorios previos tuve, y eso me da muchas ganas, porque me parece que a la vuelta de la esquina voy a estar como para jugar. Estoy muy contento", contó Delfino a LA NACION, de visita en Buenos Aires, poco antes de viajar a Estados Unidos (hoy) para verificar su estado. Con otro ánimo. Con expectativa. Y con el Preolímpico de México (31 de agosto al 12 de septiembre) en la mira.

-¿Cómo viviste aquello?

-Traté de jugar el Mundial de España y salieron dolores muy fuertes. Había venido el jefe de Milwaukee Bucks para verme y darme el OK para el Mundial o no, y terminamos hablando con los médicos de que necesitaba otro tipo de cirugía, más tornillos. Yo estaba rengueando. No quería ponerme más metales en el pie, porque había sufrido mucho por las operaciones. Decidí hablar con gente cercana. El doctor Theaux tenía la teoría de que había que sacar los clavos y hacer un implante óseo. Hice averiguaciones por Europa y me daban la opción de ir a lo más natural para mi cuerpo, que evidentemente no aceptaba cuerpos extraños, como los tornillos y plaquetas que me habían puesto.

-¿Te implantaron huesos de otra persona?

-No: me sacaron hueso de mi cadera y me lo implantaron en el pie.

-O sea que habías abandonado definitivamente el deporte.

-¡Totalmente! Estaba cansado de las operaciones, de tratar de volver. Cada vuelta era un mazazo en la cabeza, porque otra vez me caía. Hoy estoy nadando cerca de la orilla; me muero si me pasa algo. Toco madera. Nunca había llegado al nivel de entrenamiento y de forma física que tengo hoy. Yo perdí a mi abuela y antes de que se fuera me dijo "tenés que volver", así que es una promesa que tengo. Y así como elegí a Raúl, que me conoce desde chico, me entreno con gente que me conoce y me estima y sabe todo lo que me pasa, desde el preparador físico hasta el entrenador. Todo lo que estoy haciendo es con gente de Santa Fe. Todo el mundo me pregunta por qué me trato ahí pudiendo estar en Italia o Estados Unidos; lo hago porque ésta es gente de confianza, que hace bien las cosas. Y estamos sacando adelante una situación que me había hecho tirar la toalla. Soy un tipo sano: como bien, no soy alcohólico, no fumo... Llevo ocho meses y medio y el hueso viene funcionando 1000 puntos, reconsolidado.

-¿Cómo fue la acción en que se te produjo la fractura?

-Es una fractura por estrés. Se provoca por caminar mal, por una plantilla fallada o distinta, por cansancio... En los playoffs de 2013 volqué una pelota, [Kevin] Durant me hizo una falta en el aire, y al caer sentí un pinchazo. Quedé rengo, muy mal. Traté de estar en el partido siguiente, jugué un minuto y me caía, no podía hacer pie. Y empezó esta historia larguísima.

-Incluso antes ya venías siendo tratado por el médico de Houston...

-Ya el último mes llevaba esta lesión entre algodones. Eran días en que me comía agujas metidas en el hueso muy impresionantes. He tenido muchas lesiones y me llevo mucha culpa, porque subestimo el dolor. Siempre traté de jugar como fuera, y hoy sufro la consecuencia. Pero es el espíritu del deportista: uno aprieta los dientes y trata de jugar. Estoy pagando carísimo por eso, y fue una cosa creada por mí, porque, lesionado, seguía adelante. Terminé haciendo una pelota de nieve enorme.

-¿Y cómo te manejaste en las concusiones?

-En la primera, estaba tirado en el piso y se me cayó un jugador en el cuello, me corté la pera, no me movía y perdí el conocimiento. Miro las imágenes y no recuerdo nada, pero a la semana estaba jugando. Un año después iba teniendo golpes y después de los partidos no podía dormir, tenía mareos, fotofobia, vértigo, dolores de cabeza... Síntomas de que necesitaba parar. Y me decía "no... Si me duele la cabeza, tomo una aspirina. Si me duele el cuello, dormí mal o no pude dormir. Si no dormí, estoy acelerado. Si me molesta el sol, será que está muy fuerte y como no dormí me molesta más...". Pero terminé parando dos meses. Estaba muy frágil y tuve que tomar una decisión: seguir o dejar. Cabeza dura, seguí. En cinco años pasé cinco o seis veces por el quirófano. Se ha hecho una fea costumbre, que ha afectado mucho mi carrera entre los 32, 33 años, la época en que uno espera estar al tope físico y de madurez. Hoy estoy fresco de la cabeza, tengo muchas ganas, sigo metiéndole y trato de empujar mi nivel lo más alto posible y de ser el mejor que pueda ser hoy. Después se verá si estoy como para jugar con mis hijos o como para la alta competencia.

-¿Cuáles son tus planes?

-Ser de nuevo un jugador de básquet. Hoy no tengo equipo y eso me permite pensar en jugar en el seleccionado un torneo durísimo [el Preolímpico]. Pero quiero ganarme un lugar, estar a la altura ante gente más joven que vino jugando mientras estuve parado. No puedo decir que voy a llegar, porque puede que no llegue a jugar cinco contra cinco el 1° de agosto, cuando comenzaría la concentración. Todo está dado como para que sí, pero si el pie me dice que no o si a Sergio Hernández (el seleccionador nacional) no le alcanza el nivel que tengo, bajaré un cambio, seguiré con el ritmo que pueda y se verá cuándo estaré para subir de nuevo ese cambio.

Estaba cansado de las operaciones, de tratar de volver. Cada vuelta era un mazazo en la cabeza, porque otra vez me caía. Hoy estoy nadando cerca de la orilla; me muero si me pasa algo. Toco madera

-¿Este mes y medio alcanzará?

-Está todo dado. Estoy físicamente bárbaro, entrenándome dos horas, perdiendo dos kilos por práctica, saltando, jugando uno contra uno ya... Todavía no soy el Carlos Delfino de Houston, pero trabajo para, dentro de un mes y medio, ser el mejor Carlos Delfino que pueda ser. Ojalá esté jugando cinco contra cinco, con la chance de hacer contacto físico.

-¿No tener club hoy no es un problema por el seguro?

-No. Nunca lo pensé. Para mí no tenerlo es una gran solución: no tengo a nadie diciéndome qué tengo que hacer, con quién tratarme, si jugar o no jugar. Eso me permite ajustar las tuercas cuando estoy bien, y aflojar cuando estoy tensando mucho.

-¿Pensar más allá del Preolímpico, en un club, es aventurado?

-No. Lo pienso. Porque soy muy optimista en que volveré a mi mejor forma. Miro en qué equipo podría jugar, qué sistema me caería bien... Me han llamado desde Europa para jugar playoffs, desde Estados Unidos para hacer una rehabilitación y ser parte de un vestuario... Cuando esté bien, seguiré teniendo abiertas puertas. Sé que todo va a llegar a su tiempo y a su modo.

-¿Cómo ves al seleccionado?

-Depende mucho de cómo se arme, de cuántos veteranos estén. Hay mucha gente nueva, cada vez menos grandes, un entrenador nuevo pero viejo... Va a ser una linda mezcla, y me da muchas ganas. Puede ser interesante y muy bueno.

-Sos de los pocos dorados que quedan. ¿Hay una responsabilidad de "tener a cargo" a los jóvenes?

-Esas cosas se dan naturalmente o no se dan, no se las fuerza. Por eso digo que Manu Ginóbili es el primero, el segundo, el quinto... El mejor jugador nuestro de la historia, por lo que ha hecho y porque es un líder natural, que no fuerza las situaciones con los más jóvenes. Me gustaría que estuviera Pablo Prigioni, que Manu reviera la situación y estuviera, que Chapu siguiera en ese nivel terrible, y así como hablamos del recambio, ojalá los viejitos jueguen, porque nos cambiaría la vida. A Sergio Hernández le digo "si no puedo jugar, voy de asistente. ¡Quiero estar!". Pero yo me siento jugador, con la camiseta puesta todavía, con la pelota en las manos.

-Así como parece que sale el sol para vos, ¿lo mismo para CABB?

-No tengo idea. Estoy totalmente afuera. Tras la conferencia de prensa que hicimos en UADE, y con la lesión, no es que me abrí de la cuestión, pero los caminos fueron separándose. No digo que no estoy interesado; lo estoy, pero me parece que el dirigente tiene que dirigir, el jugador tiene que jugar y el entrenador, entrenar. No me gusta mezclar las cosas. En su momento, les dije a los chicos que era mejor no jugar el Mundial que estar amagando. Pero era yo, Carlos Delfino. Había mucha gente pensando en otras cosas y no en meter la pelota en del aro, que es nuestro trabajo siempre. Seguramente en el futuro, así como esta generación ha hecho mucho en la cancha, voy a hacer cosas fuera y a ayudar a la Confederación, pero será todo a su tiempo. Mientras uno está con las botitas puestas, ayuda en la cancha..






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