El extraño caso de los tocayos Carlos: de culpables e inocentes
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De un lado Carlos De Luna, del otro, Carlos Hernández |
Hace seis años uno de los nueve magistrados que conforman la
Corte Suprema de EEUU, Antonin Scalia, defensor a ultranza de la pena de muerte
aseguró que no había "ni un sólo caso en el que una persona fuera
ejecutada por un crimen que no cometió". Hoy parece que afirmación es
mentira.
El 4 de febrero de 1983 Carlos DeLuna era arrestado acusado
del asesinato de Wanda López. Fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado seis
años después del juicio. Este lunes Columbia Human Rights Law Review (HRLR)
desmonta el caso de Carlos y demuestra en un minucioso documento publicado en
su revista que Texas ejecutó a un inocente.
Bajo el título 'Los Tocayos Carlos: Anatomía de una
ejecución injusta', el profesor James Liebman y 12 estudiantes de la
Universidad de Columbia desgranan paso a paso cada parte del caso, desmontando
todas ellas y llegando a la conclusión de que Carlos era inocente.
La escena del crimen, la cobertura en prensa y televisión,
las grabaciones con los interrogatorios a Carlos o la aplicación de las leyes
en el Estado de Texas son algunas de las partes en las que dividen su
investigación.
Esta trágica historia comienza el 4 de febrero de 1983, cuando
Wanda López, una pobre madre soltera hispana, fue apuñalada hasta la muerte con
un cuchillo de caza mientras trabajaba en la tienda de una gasolinera de la
localidad texana de Corpus Christi.
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Carlos DeLuna |
Las puñaladas le atravesaron el pulmón izquierdo y la joven
murió desangrada en cuestión de minutos. A Wanda le dio tiempo a llamar la
policía y denunciar un robo que más tarde se convertiría en un crimen.
"¿Pueden enviar a un agente al 2.602 Drive South Padre Island? Tengo un
sospechoso con un cuchillo dentro de la tienda... Él es un mexicano. Él está de
pie aquí mismo, en el mostrador", fue la grabación de la llamada de la
joven.
La declaración de un testigo que describió a Carlos DeLuna
como el asesino de Wanda López llevaron a su detención menos de una hora
después de la muerte de Wanda. Un testigo que 20 años después no estaba tan
seguro de su identificación ya que "me cuesta identificar a los
hispanos".
Desde su arresto y hasta los últimos momentos antes de que
le ejecutaran con la inyección letal DeLuna mantuvo su inocencia, e incluso,
dio el nombre de quién realmente fue el asesino de Wanda: Carlos Hernández.
El fiscal ridiculizó la defensa
El gran parecido físico de ambos, que se conocieran, que
hubieran estado juntos aquella noche llevaron a la confusión que le costó la
vida a DeLuna. De hecho, incluso el abogado de Hernández confundió en una
ocasión a uno con otro.
Durante el juicio Carlos DeLuna le dijo al jurado que el día
del asesinato se encontraba con Hernández, a quien conocía desde hace 5 años.
Los dos hombres, que vivían en la ciudad sureña de Corpus Christi, se pararon
en un bar. Mientras estaban allí, Hernández se acercó a una estación de
gasolina para comprar algo, y cuando DeLuna vio que no regresaba se acercó a
ver lo que estaba pasando.
Carlos describió al jurado que al asomarse vio a Hernández
peleando con una joven detrás del mostrador. Que tuvo miedo y echó a correr. El
historial de DeLuna no estaba limpio ya que tenía algunos delitos sexuales y
tuvo miedo de meterse en problemas.
Cuando oyó las sirenas de los coches de policía sonando
hacia la gasolinera le entró el pánico y se escondió debajo de una camioneta
pick-up, donde, 40 minutos después del crimen, fue detenido.
Los abogados de DeLuna basaron su defensa en apuntar que
Carlos Hernández era el asesino. Sin embargo, los fiscales ridiculizaron esta
posibilidad. Se llegó a la conclusión de que Hernández era un invento, un
"fantasma" que simplemente no existía. El fiscal jefe llegó incluso a
asegurar que Hernández era un "producto de la imaginación DeLuna".
DeLuna presentó varias apelaciones, pero ninguna le libró de
la ejecución. "Pase lo que pase que sepáis que yo no cometí el
asesinato", le repetía Carlos a su hermana Rose en cada visita al corredor
de la muerte.
"En su corazón", dijo Rose, Carlos "aceptó
que iba a ser ejecutado. Que iba a estar bien". Rose creyó que Carlos
había encontrado un poco de paz. "Sabía que había sido perdonado".
"Quizás algún día la verdad saldrá a la luz", dijo
en una entrevista a la televisión desde detrás de un cristal reforzado días
antes de su muerte.
El profesor Liebman comenzó a investigar el caso cuatro años
después de que Carlos fuera ejecutado y en poco tiempo descubrió que Carlos
Hernández sí existía. Con la ayuda de sus estudiantes configuró el perfil de un
alcohólico, con una historia de violencia tras de sí y que siempre estaba en
compañía de su compañero de confianza: un cuchillo de caza.
Con los años fue arrestado 39 veces, 13 de ellas por portar
un cuchillo, y pasó toda su vida adulta en libertad condicional. Sin embargo,
casi nunca fue condenado a prisión por sus crímenes, algo que no parece casual
y que Liebman cree que se debió a que fue utilizado como un informante de la
policía.
En octubre de 1989, apenas dos meses antes de que DeLuna
fuera ejecutado, Hernández fue sentenciado a 10 años de prisión por intentar
matar con un cuchillo a otra mujer llamada Dina Ybáñez. Aún así, nadie pensó en
alertar a los tribunales ni al estado de Texas para reabrir el caso de DeLuna.
Hernández confesó en muchas ocasiones haber matado a Wanda
López, bromeando con amigos y familiares sobre que su "tocayo" había
pagado el pato. Las pruebas que no se tomaron, como restos de ADN, de sangre o
huellas también impidieron involucrar a otra persona en el crimen. Todo lo que
pudo salir mal salió mal.
Ahora 28 años después Liebman espera que su trabajo aliente a los
estadounidenses a pensar más profundamente sobre la pena de muerte.![]() |
Carlos De Luna, el falso culpable, arrestado ante la justicia |
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